Vida de un transterrado llamado
Gonzalo Rojas


El domingo 21 de diciembre del 2008, el poeta chileno Gonzalo Rojas (Lebú – 1917), cumplió nada menos que noventa y un años, toda una vida dedicada al quehacer poético; este esfuerzo se está traduciendo en los importante premios y reconocimientos que está obteniendo desde que se inició con su carrera literaria, como el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1992); el Premio Nacional de Literatura de su país (1992), así como también el Premio Cervantes (2003), el más importante galardón en lengua castellana. Sin lugar a dudas, es junto a Nicanor Parra, uno de las más fundamentales voces de la poesía chilena, que aún viven.


Hablar de la poesía de Gonzalo Rojas es hablar de un caso absolutamente excepcional, dentro de la gran gama de poetas chilenos surgidos a partir de las primeras décadas del siglo pasado, quienes estuvieron guiados bajo el magisterio de poetas como Pessoa Veliz, Vicente Huidobro, Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Pablo de Rokha. Es también de vital importancia mencionar la generación a la que perteneció, la del 38; ya que es en esta generación que aún estuvieron bajo los preceptos del surrealismo a modo de experimento, y que posteriormente fueron a parar hacia otros proyectos aún más audaces, tal es el caso del poeta de Lebú.
Podemos además señalar tres momentos importantes que definieron la posterior poesía chilena y su marcada influencia en Latinoamérica, y que Gonzalo Rojas sería uno de privilegiados en ser parte de estos cambios: (1)la publicación de la revista Mandrágora, en la que publicaban a poetas consagrados como Huidobro, y a jóvenes Gustavo Osorio y Jorge Cáceres; esto (2)desembocaría inevitablemente en la agrupación denominada “Los poetas de la claridad”, cuyo rasgo fundamental era su carácter antivanguardista, no obstante esta posición tendría su contraparte en “El Movimiento David” encabezado por Eduardo Anguita, quien acuño la expresión de “Moral poética”, proyecto que no se llegará a concretar, pero algo que se puede rescatar de este movimiento, fue su intención comenzar de la nada, de ese “vacío” como decía Anguita, para crear el estilo de objetos y de actos que funcionen orgánicamente, a semejanza del hombre incorporado y proyectado permanentemente, tanto en su consumación como en su acrecentamiento”. Algo de estás ideas marcarían al joven Gonzalo Rojas.
(3) Es en ese movimiento que tomarían contacto pleno con la poesía del francés Arthur Rimbaud, hasta elevarlo a la categoría de icono, por sus ideas sobre la forma de hacer poesía, “mediante el desarreglo de los sentidos” que tanto pregonaba el autor de Une saison en enfer, y que Rojas siguió a cabalidad en todos sus poemas. “…pero somos precoces/ eso sí que somos, muy precoces/ más Rimbaud a nuestra edad, ¿más?...” escribiría Rojas en el poema Rimbaud a manera de Homenaje. Y si se trata de homenajes, Rojas fue el que de algún modo tuvo su parnaso propio, plasmados en sus poemas, comenzando por su amado Vallejo, pasando por Huidobro, Hölderlin, Darío, Pound, Celan, éste último, con muchas afinidades al poeta chileno, al extremo de muchos lo comparan con el autor de Grill der Rede, quién escribió poemas tan lacerantes como frágiles. Caso aparte es la influencia decisiva del vate peruano Cesar Vallejo en la poética rojasiana, además de ser su “referente inmediato” como diría Marcelo Coddou, en varios niveles muy notorios como “obsesiones recurrentes, singularidades expresivas, la concepción misma de poetizar en direcciones varias”.
Porque hay algo en Vallejo lo que inquieta al chileno y lo resume en el poema Por vallejo: “ninguno fue tan hondo por la médulas vivas del origen/ ni nos habló en la música que decimos América/ porque éste únicamente sacó el ser de la piedra más oscura/ cuando nos vio la suerte debajo de las olas/ en la vacío de la mano”.
Porque Gonzalo Rojas, ha fascinado desde la publicación de su primer poemario, La miseria del hombre (1948), por la total desnudez que en sus poemas refleja, eso de lo que se refería Eduardo Anguita en cuanto al estilo del objeto y su semejanza con el hombre, y lo que para Enrique Lihn, quien dijo a raíz de la publicación de dicho poemario, fue una “explosión poética que no tuvo entonces, ni tiene ahora, un correlato crítico suficiente, una respuesta que asumiera ese desafío”, y que es ahí donde se notaba la ruptura de la realidad a la par de la ruptura con el lenguaje y, sin exagerar, con la tradición. “Acabo de publicar La miseria del hombre pero en realidad sé muy poco de la poesía” decía el poeta quién contaba con 31 años cuando publicó su primer trabajo; y tendrían que transcurrir dieciséis años más para que se animara a publicar su segundo poemario, Contra la muerte (1964), acaso su trabajo más importante, y que lo posteriores seguirían esa línea; “un libro ejemplar, hondo, lúcido (donde) huye del lenguaje enigmático (…) de las simulaciones de profundidad”, dice Alonso Calderón.
Y es que cada poema que leemos de este libro, es una lucha constante contra presencia insólita de la muerte, por lo demás improductiva; como irse agotando, dejándose caer en fragmentos; “me arranco las visiones y me arranco los ojos cada día que pasa. / No quiero ver ¡No puedo! ver morir a los hombres cada día. / Prefiero ser de piedra, estar oscuro, / a soportar el asco de ablandarme por dentro y sonreír/ a diestra y siniestra con tal de prosperar en mi negocio”.
El proceso la publicación de los poemarios son en realidad, procesos largos, en donde el autor asume su batalla con el lenguaje, de un periodo en donde se despoja de todo lo inútil y que no distraiga la atención del lector, de ponerlo en un estado de tensión completa, no dejándolo respirar hasta que el poeta lo desee, aunque tenga que modificar sus poemas y proporcionarle otros tonos, otros ritmos, para cumplir con su cometido, incluso dentro del mismo poema, por ello se explica las tantas versiones de un solo poema, siendo así registro de sus cambios de ánimo y actitud frente a un mundo también cambiante.
Otro de los puntos calves de su vida, y que se refleja en su poesía, es su condición de exiliado, que es un “duro oficio del exilio” en palabras del poeta turco Nazim Hikmet; “oficio” que optaría cuando el golpe militar de 1973, bajo el mando del general Pinochet, lo sorprendió, cuando entonces ejercía como encargado de negocios en La Habana. Rojas no tuvo más opción que abandonar la patria de Lezama Lima, pese a ello, Rojas, suelto de huesos dijo: “no sufrí en el exilio”, porque de alguna manera ya estaba viviendo su exilio dentro de su patria, que para él fue una especia de “intraexilio”.
De esa experiencia vivida en todos esos años de largo silencio, escribió Transtierro (1979), termino, en realidad, acuñado por el filósofo español José Gaos, como sinónimo de “transplante humano”, del cambio natural de una tierra a otra. “miro el aire en el aire, pasarán/ estos años cuántos de viento sucio/ debajo del párpado cuántos del exilio, / comeré tierra/ de la tierra bajo las tablas/ del cementerio, me haré ojo, / oleaje me haré”.
Gonzalo Rojas cumplirá 91 años, sigue escribiendo y sigue viviendo en esa patria libre que es la poesía; este año estuvo presente en la XIII Feria Internacional del Libro de Lima para reencontrarse con sus incondicionales seguidores peruanos. Entre sus principales poemarios, además de los señalados, se encuentran: Oscuro (1977), El alumbrado (1986), Materia de testamento (publicado en 1988, de gran circulación en América Latina, España y Estados Unidos), Río turbio (1996), Del ocio sagrado (2002), Las silabas (2006) y Del agua, que publicó el año anterior. Por todo eso, es incalculable la gran influencia que sigue ejerciendo el poeta en los jóvenes poetas, porque también sigue más vigente que nunca, porque su palabra sigue viva, y aún no concluye. Como parafraseando uno de sus versos podemos decir que “ya todo estaba escrito cuando Gonzalo Rojas dijo: todavía”.
“Arguedas es un escritor absolutamente excepcional, y no solo en el Perú sino fuera de este país”






El profesor Martin Lienhard (Suiza, 1946) es uno de los investigadores más importantes sobre la literatura latinoamericana, sobre todo de los sectores indígenas y afroamericanas; es por ello que sé llegó interesar por la obra de José María Arguedas, al cual es el principal es su estudioso, fuera del país. Estuvo fugazmente por Huancayo, en el que, entre otras actividades, presentó su último libro: Disidentes, rebeldes, insurgentes. Resistencia indígena y negra en América Latina. Ensayos de historia testimonial.


¿Cuál fue el inicio con el estudio de José María Arguedas?
Nos es fácil de explicar. Yo descubrí en Ginebra, donde yo vivía en aquel momento, en una librería de de libros viejos, “Yawar fiesta” leí ese libro y me fascinó, ¿Por qué? Creo que tiene que ver con muchas cosas; quizás el tipo de realismo bastante impactante y novedoso; obviamente el hecho de que se habla del enfrentamiento entre la modernidad lo tradicional, que me interesaba desde aquella época, y el tratamiento del lenguaje.


¿Cree que Arguedas tiene más valía que el mismo Ciro Alegría?
Yo creo que como escritor, Arguedas es obviamente mucho más importante que Ciro Alegría, y no tanto por que habló mejor, o describió mejor la vida indígena; esto yo no lo sé, sino simplemente como escritor es mucho menos convencional; Arguedas es un escritor es absolutamente excepcional, y no solo en el Perú sino fuera de este país. Ciro alegría creo que es buen escritor, pero más previsible.

Para conocer América Latina usted menciona a tres escritores fundamentales, Juan Rulfo, José María Arguedas y Augusto Roa Bastos. ¿Qué puntos de coincidencia se pueden encontrar en estos escritores?
Lo que tienen en común los textos de estos tres escritores, da la impresión que en el fondo hay un solo escritor. En cada caso son escritores muy sofisticados, muy modernos de vanguardia, pero que de alguna manera están apoyando con sus relatos sobre algo como lo que, Roa Bastos llamaba “la trastierra”, el interior de un país, esos lugares del país donde viven poblaciones arcaicas, tradicionales, campesinas. Y luego también en cada uno de sus casos parece que de alguna manera se trabaja también sobre el conflicto cultural entre sectores indígenas o no indígenas pero tradicionales, y otros sectores criollos, más modernos. Ese conflicto de alguna manera sigue existiendo en muchos lugares, por no decir en cualquier parte de América latina, por lo menos en algunas regiones.


¿Qué papel tiene fundamental tiene la etnoficción para tus investigaciones?
Para mí, etnoficción es un tipo de ficción que pretende provenir como del interior de una cultura de esas que llaman, étnicas, puede ser una cultura indígena o negra, pero que en el fondo no viene realmente del interior de esas culturas, sino que hay escritor de manera bastante artificial introduce elementos que luego al final dan al lector la impresión que ese texto proviene directamente como del vientre de una cultura arcaica. Y un escritor que yo menciono en ese contexto es Miguel Ángel Asturias, y también Arguedas, creo que en Arguedas puede haber también cierto artificio, pero también creo hay un cercanía real al mundo andino. En el caso de Asturias eso pasa a través de las lecturas que el hizo de texto prehispánicos.


¿A qué se debe su interés a estar inmerso dentro de temas propios de los estudios subalternos?
Creo que es lógico es interesarse en los llamados subalternos, porque finalmente estamos hablando de los sectores explotados, oprimidos como se decía anteriormente y que estos sectores, son los que necesitan atención, no porque sean el problema, sino que el problema es el sistema, pero de alguna manera ellos son quienes que no tienen voz generalmente, ni acceso ni a los medios de comunicación, por lo tanto son los que se conocen menos, entonces me parece lógico, por lo menos desde la perspectiva de un intelectual no conformista, interesarse en estos sectores.


¿Cuáles son sus próximos proyectos?
Seguiré trabajando, como historiador, a partir de archivos sobre historias de rebeldía negra principalmente y también indígena posiblemente. Pero también estoy en otros asuntos, como escribir cine sobre todo el latinoamericano, y ahí me interesa la cuestión de lo que se llama neorrealismo, y en general del realismo.




Publicaciones del 2008 en la región central Ciudad letrada

















Entre las novelas publicadas tenemos a: “Esperanza” (edición del autor), de Norma Gálvez Abarca, segunda novela de la escritora huanuqueña, que radica actualmente en Lima, esta historia mantiene un trasfondo sociopolítico, donde una mujer lucha por conseguir sus sueños. “La casita de cedrón” (edición del autor), de José Oregón Morales, es la primera novela del escritor de Huancavelicano, donde hace un giro inesperado de su registro, además que es una novela de corte biográfico (relata parte de la vida de Carmela Morales, su madre). “La ninfa del Jericó 941” (San Marcos) de Alberto Chavarría Muñoz, es la novela que marcó el debut literario del escritor de cuarenta y nueve años, cuyas propuestas temáticas se emparientan con el realismo sucio. Dio mucho que hablar.
Mientras que en el cuento tenemos a: “Crónica de amores furtivos” (San Marcos) de Sandro Bossio Suárez, recientemente publicado, luego de seis años de abstinencia; como se sabe Bossio publicó su novela “El llanto en las tinieblas” en el 2002, pero en esta oportunidad reúne sus cuentos, la mayor parte de ellos antes inéditos, que fueron elogiados por la crítica. “Celaje de cuentos” (Puntocom) de Raúl Baldoceda Tenicela, con este libro, el ingeniero minero y docente de física, hace su ingreso auspicioso a nuestra literatura, habiendo sorprendido a muchos por sus memorables historias. “La lluvia y el río” (edición del autor) de Alberto Chavarría Muñoz, quien luego de pocos meses de habar publicado su novela (La ninfa del Jericó 941), este libro de cuentos no hace más que avalar su intenso trabajo literario después de décadas de silencio, y que aún está en proceso de formación de su estilo. “Reconciliación / Extraña justicia” (Circe editores) de Ernesto Ramos Berrospi, quien últimamente está incursionado en el relato, y publicando frecuentemente, puesto que son más que la ampliación de sus cuentos reunidos en “Cuentos amargos”. “El vuelo de la paloma” (Puntocom) de Consuelo Arriola Jorge; libro elogiado por la mismísima Carmen Ollé; un debut que todos esperábamos, puesto que algunos de sus trabajos fueron galardonados en concursos literarios como el organizado por el suplemento cultural “Solo 4”. Otros libros de cuentos que no debemos dejar de mencionar están “Orejas al redil” (Fondo Editorial de la Universidad Continental) de Giannina Sovero Lazo y Ronald Santana Sovero; “Panrarán Yacu” (CEDIN ediciones), de Anthony Lizardo Romero Chávez y “La cabrita glotona y otros cuentos” (Ramada del búho editores) de Cirilo López Gutiérrez. Mención aparte es el último número de la revista Cascadas (número 16) que publicó ocho cuentos inéditos del desaparecido Julio Cesar Alfaro Gilvonio, donde muestra todos sus dotes como narrador, y más tratándose del autor de del entrañable “Prestadito nomás”.
En cuanto a los poemarios tenemos a “Esencia de vida” (Segras), de María Delfina Santana Guevara, poemario que abre paso a la madurez de la poetiza, quien a sus cincuenta y nueve años, los poemas le sirven de reflexión sobre los aspectos que abarcan la vida de un hombre. “Ceremonia del retorno” (Lord Byron editores), de Gerson Paredes Coz; diez años tuvieron que pasar para que el poeta huancaíno, radicado en Lima, publicara su tercer libro, y donde ahonda con más firmeza la cosmología Wanka. Gallo gallito gallo galló (Edición del autor) de Arturo Concepción Cucho, plaqueta de poemas dirigido a un público infantil, no obstante su falta de pericia en este campo hace de este un poemario que no convence. Sueños y confesiones (Ediciones Alfa), de Rocío del Pilar Andrade Reynoso, natural de la provincia de Yauli La Oroya, en este primigenio poemario, la autora impone sus arrebatos sentimentales para construir poemas directos, sin tomar en cuenta el riguroso trabajo poético que esto implica. Aya Taki (Edición del autor) de Hugo Velasco Flores, primer poemario de este joven poeta, donde establece conexiones con su pasado, a través de la cosmología andina, con un lenguaje que aún no encuentra un puerto seguro.
Es evidente que el flujo de publicaciones en el 2008 ha tenido una ligera variación con respecto a los otros años anteriores, debido principalmente, a la aparición de editoriales como Puntocom, impulsado por el escritor Nicolás Matayoshi; Naokim editores, del escritor Abel Montes de Oca entre otros; asimismo por el creciente número de imprentas que hay en la cuidad, pero lo más resaltante es que hay un público cada vez mayor que está habido de leer libros que den cuenta de su realidad y de entusiastas escritores que están aptos para mostrarla.
A 80 años de la aparición de “Cántico
Guillén, el poeta de la esperanza



En diciembre de 1928, se editaría en La revista de occidente, la primera versión de “Cántico”, cuyo autor era hasta entonces un perfecto desconocido en la lírica española de esa época: Jorge Guillén (Valladolid, 1893 - Málaga, 1984), no obstante esta colección de poemas le bastó para obtener el reconocimiento unánime de los poetas de la llamada Generación del 27.


Tenía treinta y cinco años cuando publicó “Cántico”, edad que se justificaba con tamaña empresa que había emprendido hace más de diez años, cuyos logros son indiscutibles en el campo poético; pero esto no quiere decir que su carrera literaria se había iniciado estrictamente por estos años, sino por el contrario, Guillen era ya un respetado crítico literario, que publicaba en revistas especializadas como el Norte de Castilla, Hispania (París), España, Índice y Pluma; donde estudiaba a diversos poetas, como Mallarmé, Jules Supervielle, Juan Ramón Jiménez, Rubén Darío, Anatole France y Góngora, (este último fue objeto de estudio para su tesis doctoral.) entre otros, que sintonizaban con su espíritu y sus inquietudes poéticas.
Se ha hablado mucho sobre la poesía de Guillén, principalmente de estar inmerso dentro de los parámetros de la “poesía pura” más extrema. Lo cierto es que Guillen, desde un inicio aceptó ser partidario de la poesía pura ma non troppo (pero no demasiado), puesto que para el autor de Clamor la poesía de este tipo era “matemática y química”, por lo que su temperamento no podía aceptar un poema tan maquinal sino que compartiera el fulgor que producen las cosas del “mundo” que en sus palabras estaba “bien hecho”. Así mismo fue su admirado Paúl Valery quien definió muy bien lo que es en realidad poesía pura como “todo lo que permanece en el poema después de haber eliminado todo lo que no es poesía”.
Jorge Guillén conoció al autor de “Charmes” en París hacia 1922, cuando por entonces trabajaba como lector de la Sorbona; ambos ciertamente rendían un culto al simbolista francés Stephane Mallarmé, por lo de su aspiración a llegar al “Le livre”, al “poema integral”; asimismo por la elevación del tema y el rigor del estilo que ambos ejercían, donde la inspiración era solo una invención romántica, cuando a cambio se hablaba de la conciencia poética. Es más, fue el mismo Guillén, quien introdujo a Valery a los círculos literarios de España difundiendo su poesía, mediante la magnifica traducción que realizó, en 1930, del Cimetière marin (Cementerio marino), a modo de homenaje al ultimo heredero directo de la mejor tradición simbolista.
El rigor casi religioso que le profesaba al quehacer poético, adjuntado a la conciencia poética, y su idea de que la poesía en esencia un “símbolo de esperanza”, desembocó inéditamente en la escritura de “Cántico”, que en su primera edición estuvo conformado por setenta y cinco poemas, distribuidos en siete secciones sin titulo, donde posteriormente tendría tres versiones más, la de 1936 (126 poemas), la de 1945 (270 poemas), y la 1950 (334 poemas), que es la versión definitiva; y que llegó a formar parte de otro gran proyecto, titulado Aire nuestro, que cierra una trilogía con dos trabajos más: Clamor y Homenaje.
Dedicado a su amigo entrañable Pedro Salinas, Cántico tiene su correlato con otras obras de igual envergadura, que son un testimonio de su tiempo, tal es caso de The waste land, de T.S. Eliot, pero si bien Eliot nos da una visión pesimista de un mundo fragmentado luego del impacto de la Primera Guerra Mundial, Cántico es uno de los pocos intentos de oponerse al nihilismo imperante en la mayoría de obras, porque como han coincidido la mayoría de críticos, no más que “la afirmación de la vida”, una celebración de los elementos ordenación y en perfecto estado de los elementos de la naturaleza, donde el hombre está en contacto vital con lo que lo rodea, en un movimiento armónico. “¡Oh perfección: dependo del total más allá,/ dependo de las cosas!/¡sin mí son y ya están/ proponiendo un volumen/ que ni sonó la mano,/feliz de resolver/una sorpresa en acto!”.
Otra vez Ernesto



El regreso/ Venganza, Ernesto Ramos Berrospi, Circe Editores, Huancayo, 2008.
Un extraño romance/ Inesperado viaje, Ernesto Ramos Berrospi, Circe Editores, Huancayo, 2008.


Si bien el escritor Ernesto Ramos Berrospi (Huancayo, 1955), es un novelista reconocido, la primera obra que publicó a inicios de la década del 90’ y con la que inició su carrera literaria, fue una colección de cuentos que lleva el título de “Cuentos amargos” que, conforme iba desarrollando su corpus literario, es una suerte de caja de pandora, de donde sería el punto de partida para crear sus argumentos.
Es que dicho libro de cuentos le ha servido al escritor, también como catálogo, que posteriormente, los hemos reconocido en sus novelas, como es el caso de “Un inolvidable pueblo” (2002), que es la ampliación y desarrollo de la trama del cuento “El regreso”; así mismo su ultima novela corta, “Brunella” (2007) es la versión novelada del cuento “Aurelia”.
Es entonces, que Ramos Berrospi ha empleado este recurso a lo largo de su carrera, con una intención de explotar más sus argumentos, propuestos en sus cuentos, haciendo uso de técnicas más complejas, en trabajos de largos aliento, como él mismo llegó a sostener en sus entrevistas, donde también manifestaba que los cuentos son una especie de novelas inconclusas o que están en proyecto de convertirse en novelas.
Es pues ahora que Ramos Berrospi nos hace entrega de dos libros: “Un extraño romance/ Inesperado viaje” y “El regreso/Venganza”, ambos libros conforman dos nouvelles respectivamente, donde el ambiente pesimista y sórdido que imprime en sus relatos, nos hacen recordar al escritor uruguayo Juan Carlos Onetti; además dichas piezas coinciden en un solo punto: sus temas son propios de la literatura urbana. Vale añadir que en sus libros también podemos encontrar fichas de compresión lectora, apreciación crítica y creatividad como ayuda al trabajo de análisis del lector.
A propósito de la publicación de “El escenario y la memoria” El escenario de Carlos Espinosa Domínguez


La primera vez que Carlos Espinosa Domínguez vino al Perú fue hace veintidós años, en un momento en que el país estaba a puertas de un conflicto interno que removería las estructuras mismas de una nación fragmentada, y esto sería reflejado en las expresiones artísticas, especialmente en el teatro.
Vino por una invitación para asistir al I Festival Internacional de Teatro para Niños y Jóvenes, “en aquel viaje tuve además el primer contacto con el movimiento teatral peruano, que me admiró por su originalidad y riqueza” cuenta Carlos Espinosa Domínguez en el prólogo de “El escenario y la memoria/ Testimonios de teatristas peruanos” (Canta Editores, 2008) donde reúne a las más importantes personalidades del teatro nacional como Alonso Alegría, Edgar Guillén, Alberto Ísola, Marco Ledesma, Eduardo Valentín, entre otros, quienes a modo de testimonio de parte cuentan sus experiencias en cuanto a su quehacer en las tablas.
Critico e investigador cubano, nacionalizado español, Carlos Espinosa Domínguez, estuvo de paso por nuestra incontrastable (la primera vez fue en 1997), para presentar su último trabajo, y sobre todo para conversar con los principales cultores del arte dramático de la región, entre ellos, Maria Teresa Zúñiga, gestora del grupo “Expresión” y Eduardo Valentín Muñoz director de “Barricada teatro”; de Maria Teresa, expresó su gran admiración como mujer que es, y como una de las grandes dramaturgas a nivel latinoamericano, “dentro de una región que es machista”; igualmente con Eduardo Valentín Muñoz, quien fue elogiado por el critico cubano por el trabajo realizado por Barricada, y por su facilidad de incorporar el quechua, como elemento cultural de lo andino, en sus obras.
Cabe destacar que el teatrólogo, especializado en el teatro de Latinoamérica, estuvo presente en el Noveno Encuentro Internacional de Teatro de Grupo realizado en Ayacucho, famoso encuentro, porque por tercera ocasión participó el Odin Teatret, mítico grupo, que está bajo la conducción del propio Eugenio Barba, quien también fue su fundador, y además de ser discípulo de Jerzy Grotoswki, uno de los más influyentes en el teatro actual por sus innovadoras propuestas. Espinosa Domínguez compartió con ellos y con otros grupos; esto que le sirvió para comprender que es necesario el relevo generacional. “Miguel Rubio, Mario Delgado son personas mayores, ya están pintado canas” sostuvo.



Asimismo lamentó que en nuestro país aún se sigua maltratando al artista, y que no existan suficientes espacios para el teatro, “el teatro Segura se incendió hace años, está en escombros hasta ahora” nos dice sorprendido; refiriéndose a nuestra ciudad Espinosa Domínguez preguntó: “¿cuantos lugares destinado al teatro hay? y ¿Cuántas discotecas hay en Huancayo”. Es evidente que las respuestas son desalentadoras, como lo que nos dijo con respecto al escaso apoyo que los ente gubernamentales dan a los grupos de teatro: “en ningún país latinoamericano, (sea Nicaragua, Venezuela, Brasil), como en el Perú he visto el abandono que sufren los artistas”.
Carlos Espinosa Domínguez, estuvo en Huancayo, su aporte al teatro peruano es invalorable, entre sus proyectos futuros está la elaboración de un libro sobre las etapas del grupo Cuatro Tablas, y además otro libro que recoja la memoria de los encuentros de teatro en Ayacucho. Él alguna dijo “por años tuve el sueño de poder escribir un libro sobre el teatro peruano actual” y efectivamente, ese sueño se hizo realidad.
Las historias del señor Siluk


The Tale of the Junping Serpents of Bosnia (and other suspenseful and Eldritch stories), Dennis Lee Siluk, iUniverse Inc., New York, 2008.

Cuentan que en los parajes abruptos de Bosnia, existen unas serpientes que tienen la habilidad de saltar un metro hacia cualquier dirección con el fin de huir de algún peligro, y dicen también que adquirieron esa capacidad al verse sometidas al exterminio inminente de su especie; este argumento pertenece The Tale of the Junping Serpents of Bosnia, que también da titulo al libro; fue recientemente publicado por el escritor y psicólogo de profesión, Dennis Lee Siluk (Minnesota, 1947), quien en los últimos ocho años frecuentemente viene visitando diversas zonas de nuestro país, entre ellas nuestra región.
Esta última colección, conformado principalmente por doce cuentos con fuerte carga psicológica; son historias, la mayoría de ellas, de suspenso como la aparición de un demonio que se apodera de un ser humano para asesinar a cuanta persona se acerca a él; una tumba que repentinamente se avista cerca de luna; un hombre que es perseguido por una plaga de langostas; un anciano que por venganza asesina a cada uno de los pandilleros que le hicieron daño; fantasmas que vienen al mundo de los vivos desde el mas allá para buscar un guía.
Además el libro incluye breves narraciones, entre ellas está Night Ride to Huancayo ambientada en la carretera central, y que trata de las de las alucinaciones que se producen en los conductores por las noches; asimismo está incluido una prosa poética, Orión’s orchard (El huerto de Orión), que nos recuerda a los relatos breves del argentino Jorge Luís Borges; dicho relato fue traducido al español, como la mayoría de sus libros, por Rosa Peñaloza, esposa del escritor.
No es la primera vez que Siluk, hace referencia a nuestro país en sus libros, sino que incluso ha escrito hasta seis libros que lo menciona mediante a través de cuentos y poemas; cabe resaltar que tres de ellos hablan sobre el Valle del Mantaro, como Encanto de los Andes (Spell of the Andes), La magia de los Avelinos (The Magic of the Avelinos) y el Camino a Unishcoto (The Road to Unishcoto, donde el autor realiza una mirada descriptiva de nuestras costumbres, leyendas, historias cotidianas.
The Tale of the Junping Serpents of Bosnia (and other suspenseful and Eldritch stories), son historias breves que vale la pena leerlos, por lo que esperamos que se traduzca el libro completo para deleite de sus lectores de la región central.