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I Feria del Libro “Presencia Xauxa”
I Premio Nacional de Poesía
“Jaime Galarza Alcántara”



Bases del concurso:

Participan poetas peruanos que al 23 de abril de 2010 no hayan cumplido los 30 años de edad Quedan excluidos los integrantes del Gremio de Escritores del Perú.
Se establecen dos premios, que no podrán ser declarados desiertos:
Primer puesto: S/. 1,000.00 (mil nuevos soles) y publicación de obra.
Segundo puesto: S/. 500.00 (quinientos nuevos soles) y publicación de obra.
Los trabajos a presentar: Deben conformar un poemario con un mínimo de 400 versos. El tema, métrica y la técnica son libres.
Escritos a computadora y por cuadruplicado en formato A-4, en idioma castellano, en tamaño de fuente Arial 12, adjuntando una copia digital en CD.
Estar firmados con seudónimo, entregándose en sobre cerrado en cuya cubierta figure dicho seudónimo. Por separado, en un sobre cerrado, más pequeño, adjuntar: Copia de DNI del autor, indicar domicilio, teléfonos y e-mail.
Ser inéditos; no se admitirán trabajos publicados bajo ninguna modalidad.
El plazo de recepción de trabajos, finaliza a las 3:45 pm del 7 de abril de 2010 y se remitirán a la Sub Gerencia de Desarrollo Social de la Municipalidad Provincial de Jauja, sito en el Jr. Ayacucho 874, Plaza Principal - Jauja.
El jurado, estará conformado por los escritores: Gerardo Garcíarosales, Marcial Molina Richter y Jorge Luís Roncal. El fallo, inapelable, será anunciado el viernes 23 de abril de 2010.
La entrega de premios, se efectuará en la Ceremonia Central del 476º Aniversario de la Fundación Española de Jauja. Los sobres enviados al concurso quedarán archivados.
Consultas marxespinoza666@hotmail.com o llamar a los teléfonos: 064 – 954409993.
EXPLOSION LITERARIA



Dicen que la idea de crear un sello editorial que sobrepase las fronteras del territorio huancaíno, nació coincidentemente el 24 de junio, Día del Padre, y que luego de darle vueltas y vueltas al asunto, decidieron fundarla con todas las de la ley meses después, que luego de ello, serían concientes de que no tendrían retroceder nunca, y menos rendirse jamás. Sus artífices: Juan Carlos Romero y Jorge Salcedo, jóvenes sociólogos, y aspirantes a ser escritores en una ciudad, que no reconoce esta profesión, pero que ellos han hecho de la literatura un tema sumamente serio con la aparición con el sello "Bisagra editores".
Hasta la fecha, y poco menos de medio año, ya han publicado a más seis autores de probada calidad. "Las pequeñas editoriales se publican entre ellos no arriesgan, tienen ediciones que son rústicas, Juan Carlos me dijo hacer como ellos pero arriesgar un poquito más", nos comenta Jorge.Pero ¿Qué significaba arriesgar para ellos? "Invertir. Para publicar tenemos que invertir nosotros, eso es arriesgar" dice Juan Carlos.
Y vaya que lo hicieron, porque nos confesaron que su sello editorial tuvo que correr con el gasto de su primera publicación, Se trata de "Sueños y ocho cuentos contra el resto del mundo", libro antológico, que recoge los cuentos de los ganadores y finalistas del primer concurso de cuento, organizado en el marco de la Primera Feria del Libro Zona Huancayo; aunque, también nos confiesan que, los cuentos no les convencieron.Cabe mencionar que inclusive arriesgaron con el último libro de su colección de narrativa "qué novelas o puro cuento" al publicar a un autor "canónico", enfatiza dice Jorge, como Miguel Gutiérrez, el del Grupo Narración, el de la novela "La violencia del tiempo", y que a estas alturas ya publica con la monstruosa editorial Alfaguara.
Este joven sello editorial llegó a publicar un texto extraño, raro del autor: "Poderes secretos"; asimismo publicaron "Sabatorio", que recoge los mejores artículos periodísticos del escritor huancaíno Sandro Bossio Suárez, columnista de este suplemento.A estos autores se suman también los nuevos talentos, como Consuelo Arriola, José luis López, quienes han experimentado el trabajo completo que realiza una editorial seria, en el que incluyen, la corrección del texto, la difusión, búsqueda de mercados, presentación del libro, inscripción de ISBN o depósito legal; todo. "lo único que tiene que preocuparse el autor es escribir", resalta Jorge.Dicen que han ido muy apresuradamente, que ahora se han propuesto publicar un libro por mes, que luego de "Papeles inesperados" su colección de ensayo, implantarán otra de poesía, donde están detrás de escritores como Oswaldo Reinoso, Juliana Llamoja y Jaime Bravo; que aseguran que hay 'madera' en Huancayo, que les gustaría publicar al autor de "Rosario tijeras", y que por eso llegaron para quedarse, para seguir haciendo bulla con el abrir de las bisagras.
Falleció Jorge Enrique Adoum
Currículum Mortis de un extranjero


El pasado viernes 3 de julio, el poeta ecuatoriano Jorge Enrique Adoum falleció a los ochenta y tres años; nacido en Ambato, fue el último gran poeta de Ecuador, al lado de otros que ya partieron como Jorge Carrera, Gonzalo Escudero, Alfredo Gangotena y Cesar Dávila. “Ecuador Amargo” fue su primer libro publicado, que estuvo bajo el influjo del poeta chileno Pablo Neruda.
Para los críticos más serios fue el poeta vivo más importante del Ecuador, y aun para Pablo Neruda era el mejor poeta latinoamericano –Adoum llegó a ser su secretario personal por espacio de dos años–; y si nos dejamos llevar por esas muestras de generosidad hacia Jorge Enrique Adoum diríamos que estamos ante un poeta imprescindible para conocer la evolución poética ecuatoriana del siglo XX.
En total, Jorge Enrique Adoum, publicó más de una treintena de libros, entre ellos destaca sus trabajos poéticos como “Ecuador amargo” (1949), “Carta para Alejandra” (1952), “Yo me fui con tu nombre por la tierra” (1964) y su monumental “Cuadernos de la tierra” (1952 – 1961) que comprende cuatros volúmenes, en un intento de realizar una poesía épica en una sociedad “que no tiene nada de heroica” diría en una entrevista.
La poesía de Adoum, no hace más que explicarse sobre un proyecto de acercamiento a la propias entrañas de sus frustraciones y aspiraciones; si el peruano Tulio Mora tiene su “Cementerio General”, donde sus personajes cargan con todo el peso de la historia, Adoum tiene su “Cementerio personal” donde dedica sus poemas a sus amigos más cercanos, entre ellos Juan Rulfo, Benjamín Carrión y Paco Urondo para reconocerse en ellos.
Es notable la evolución que hace de su propio lenguaje, abogando en sus primeras etapas por un lenguaje hermético nerudiano, pasando por el neobarroco de clara influencia lezamaniana, para luego insertarse en un lenguaje popular, y finalmente imprimir su sello personal con un lenguaje que no conoce límites sintácticos ni gramáticos como lo demuestra en sus “Prepoemas en postespañol”: “era por descostumbre de la muerte por desmuerte” escribe.
No hubo poeta más preocupado por tratar de comprender la situación identitaria y la revaloración de su cultura, una búsqueda constante de esas “señas particulares” al que hiciera referencias en muchas ocasiones; ese hombre que se niega a desarraigarse, fue uno de los primeros en preguntarse sobre la “ecuatorianidad”, cuando dice: “Nadie sabe en dónde queda mi país, lo buscan / entristeciéndose de miopía: no puede ser, / tan pequeño ¿y es tanta su desgarradura, / tanto su terremoto, tanta su tortura / militar, más trópico que el trópico?”.
Además de poeta, Adoum se movió con naturalidad por el terreno de la novela, al publicar dos novelas emblemáticas, “Entre Marx y una mujer desnuda” (1976) y “Ciudad sin Ángel” (1995); el primero tuvo una acogida más que insólita al obtener el Premio Xavier Villaurrutia de México. Es una novela – afirmó el autor - antiburguesa, antimilitarista, antifascista y “antiliteraria”. “un texto con personajes”. También inventó con “Los amores fugaces” (1997) un género insólito, el de las memorias imaginarias.
Este poeta proteico, también estuvo relacionado con nuestro país: admiraba profundamente a Cesar Vallejo, tuvo un entrañable amigo, el artista plástico Víctor Delfín, además la última vez estuvo en tierras peruanas para participar en el Primer Encuentro Cultural Peruano Ecuatoriano realizado en Lima el 2004.
Jorge Enrique Adoum fue el poeta más (re)conocido fuera de sus fronteras, el que dijo que su peor enemigo era la palabra, y que su muerte no importaba sino la los de otros. El poeta ahora está en una vasija de barro, enterrado al lado de otro gran artista: Oswaldo Guayasamín. Que en paz descance.
En el centenario del autor de “La vida breve”
Cuando sí importe Onetti



Si seguiría vivo, este primero de julio, cumpliría cien años, pero por desgracia no es así; el escritor uruguayo Juan Carlos Onetti vivió hasta los ochenta y cinco años, suficiente para dejar una obra fecunda, que abrió la brecha hacía la modernidad a nuestras letras latinoamericanas; “El pozo”, “Juntacadáveres”, “El Astillero”, son algunas de sus obras que dejaron huella en su generación y siguen siendo leídos con el mismo fervor de antes.
Para Mario Vargas Llosa, Onetti es el “primer novelista de lengua española moderno” y para Emir Rodríguez Monegal “marca el acceso de toda una nueva promoción narrativa a las letras hispanoamericanas”. Él es, Juan Carlos Onetti, un escritor de culto, alumno aplicado de Faulkner, parricida por excelencia, se autoexilió a España, como un elefante que sabía que iba a morir, sin embargo al final de su vida pudo conocer la gloria, al concedérsele el anhelado premio Cervantes en 1980.
Existen muchas formas de abordar la vida de un escritor, la de Onetti la influencia de la geografía es gravitante, hecha acaso a la medida de sus expectativas, la que marcará su obra; ya que si bien nació en Montevideo, fue fuertemente atraído por la capital bonaerense, separándolos tan solo por el río de la Plata, ciudades a las que alternó por motivos de trabajo, además que fueron escenarios naturales para sus relatos iniciales, hasta que creó Santa María, su Ciudad. “yo quería estar en otro país, en otro lugar, que no fuera Buenos Aires ni Montevideo, porque (Santa María) es la mezcla de ambas cosas” dijo alguna vez.
Desde niño fue un lector voraz, se leyó todo Julio Verne además quedó fascinado con una novela gráfica, Fantomas, y cuando estuvo en Buenos Aires, además de estar en permanente contacto con Roberto Alt, descubrió la obra de su admirado William Faulkner, al leer por primera vez “Absalón, Absalón” la que la consideró tan buena que tuvo días en los que le “pareció inútil seguir escribiendo”. Onetti no solamente fue quien quedó impactado por el autor de “El sonido y la furia”, creador también de otra ciudad ficticia Yoknapatawa, sino también por casi todos los escritores del Boom, pero es evidente que en el Uruguayo fue quien lo comprendió a cabalidad, por su mismo temperamento y el estilo que inconciente perseguía. “La novia robada” es el calco fiel de “A rose for emily”.
Se casó hasta en cuatro oportunidades, tuvo hijos, entre ellos está Jorge Onetti, quien se haría un famoso escritor. La que le acompañó los últimos cuarenta años de su vida, fue la violinista Dorotea Muhr, o simplemente Dolly, “Ignorado perro de la dicha” extraña dedicatoria que le hace en su relato “La cara de la desgracia”. En alguna ocasión a Dolly le preguntaron: ¿Cómo fue vivir con Onetti? “Como hacerlo con alguien que a la vez vivía en otro mundo, el de la irrealidad, el de la literatura, el de la creación” sentenció.
Y es que Onetti, siempre estuvo en la frontera de la ficción, escribió para pocos, se dice que “El pozo” su primera novela, solo se vendieron cincuenta ejemplares a lo largo de veinte años. Aunque consideraba a “Los adioses” como su mejor novela, no obstante es con “La vida breve” que se ve a un Onetti en su plenitud como narrador, de una prosa densa, morosa, con frases extensas, de compleja lectura, y con técnicas manejadas con maestría, además que en esta novela se iniciaría con la saga de historias que ocurrirán en Santa María, hasta acabar en “Cuando ya no importe”, su último canto de cisne.
Escritor maldito, fumador empedernido, “el compadrito italiano” como le dijo Jorge Luís Borges, se autoexilió en Madrid en 1975, cuando España retornaba a la democracia; y desde entonces se aísla en su departamento, arrojándose a la cama hasta su muerte, como todo un privilegiado espectador de su decadencia, escribiendo sus últimas novelas, bebiendo wiski, y leyendo quizá el último aforismo de Cioran: “La soledad no te enseña a estar solo, sino a ser único.”
En la provincia de Chanchamayo
II Encuentro de Escritores con sus lectores




Ante los últimos lamentables sucesos en la zona amazónica del Perú, el “II Encuentro de Escritores con sus Lectores” que se desarrollará en la Merced, a partir del viernes 26 hasta el domingo 28 de junio, se torna un espacio propicio para demostrar que el dialogo es la mejor manera de confrontar pensamientos, por más distintos que sean y de esta forma llegar a un consenso.
Organizado por la Asociación de Escritores y Artistas “Juan Santos Atahualpa” de La Merced, encabezado por el escritor Gotardo Cervantes Mendivil; este importante Encuentro, en esta su segunda versión, promete ser uno de los focos centrales de la cultura, que se realiza anualmente, y cuyo objetivo primordial es de “acercar a los escritores con sus lectores, y hacer que compartan el arte, creatividades, producciones y publicaciones de manera horizontal”.
En ese sentido los escritores provenientes de las regiones como Junín, Ayacucho, Apurimac, Huancavelica, Pasco y Huanuco, se darán cita en el valle de Chanchamayo para participar activamente de las conferencias, ponencias e intercambio de experiencias con los asistentes, concientes de la enorme multiculturalidad que comprende la zona central del país y sus enormes posibilidades de desarrollo como nación.
Para dicho encuentro ya han confirmado su participación los escritores: Nicolás Matayoshi, Carolina Ocampo, Hector Meza Parra, Jorge Luis Roncal, Jair Pérez, Rolando Mandujano, Gilbert Ortega, Darío Vásquez, Julio Arévalo, Elías Astete, Luís Padilla, Luís Yañez entre otros destacados intelectuales; así como grupos literarios, entre ellos destaca el Movimiento Literario “Dosamarus” de Huancayo.
Los dos primeros días del evento servirá para profundizar en las obras de los escritores invitados, y su aporte en nuestra literatura peruana, vale decir en conferencias magistrales, talleres de comprensión lectora, ponencias, presentación de obras; así como para las visitas a los colegios de la zona.
Mientras que el último día, está programado para el contacto y observación de la realidad del medio social, es decir, en los centros poblados y comunidades nativas, como fuente de trabajo e investigación.
Gotardo Cervantes Mendívil, Presidente del Comité Ejecutivo, informó qué el evento será “una fiesta intelectual, con quienes cultivan la cultura y sus lectores, asistirán profesores de las especialidades de lengua y literatura, estudiantes y la población que vive preocupada por la cultura”.
Viaje por los laberintos del cuerpo
Noche oscura del cuerpo
de J.J.Eielson




El cuerpo como materia hirviente, compuesto por trillones de células en una batalla por la supervivencia; el cuerpo como depositario de algún alma alucinada, armado de alientos divinos, una masa sinérgica, donde no hace falta que Miguel Ángel ordene gritarle, por la monstruosa perfección que gime por sí sola.

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En fin, el cuerpo como objetivo poético, una parábola contemporánea, el dilema de los pensadores postmodernos, entre ellos el “filósofo del cuerpo”, Jacques Merleau-Ponty: “el CUERPO no es un OBJETO”, Vade retro quien se atreva a decir que no existe la dualidad “Cuerpo/Alma”, porque todo pasa por ese caos violentado por la mente.

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“Pienso, (siento) luego existo”, a decir de los cuadros toscos de Francis Bacon, que todo lo desgarra, no hay estabilidad en el caballete, ni mucho menos en los pies, duele la tortura, pero más duele esa soledad, porque no hay reconocimiento con el otro, por eso el sujeto no es sujeto, es cualquier cosa, nadie puede decir que existo mientras nadie me vea, vea mi carne, porque no hay conciencia encarnada que esté provisto de escepticismos.
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Miramos por el ojo de la cerradura para contemplar al cuerpo que está recostado, haciendo quién sabe qué, pero que eso no importa cuando el vouyeur vive por el solo movimiento de su sombra, algo incompleto, que el resto es imaginado subliminalmente. Gracias Klossowki. El deseo se hace más penetrante. Lo místico es el deseo de la noche. La noche es demasiado oscura en España, en los claustros donde San Juan de la Cruz realiza su propio ritual: escribir sobre biblias viejas.

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A propósito, “la conciencia no es lenguaje” dijo el budista zen, Taysen Deshimaru, no hay lenguaje poético que asuma la responsabilidad de diseccionar lo real lacaniano, es un delito fomentar tal creencia. El lenguaje de a poesía, revierte todo lo planteado por la (con) ciencia; es el único camino por donde hay manzanos para llegar a encubrir los misterios, y todavía uno no piensa que el Árbol de la Vida es cierto.

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“Nada me vuelve más dichoso/ que el fulgor de las estrellas/ encerrado en mis arterias” este poema, vilmente mutilado, no es de Deshimaru, sino de otro que siguió sus pasos, en Italia, Jorge Eduardo Eielson, que por coincidencia cronológica es asociado a una generación peruana, y vuelto a ser mutilado como lo hice anteriormente con el poema, porque el no hizo más que seguir un camino que tendría un punto de quiebre hasta cinco años antes, es decir el día de su muerte, y que muchos aseguran que alcanzó aquello que los budistas llaman “satori”, antes de su partida a la luz.

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Noche oscura del cuerpo. Escrito inicialmente en la década del cincuenta, pero salido a la “luz” pública, luego de veinte años. Noche oscura del cuerpo, conjunción de las tradiciones, como el eclipse de luna: cristianismo místico, budismo místico. Oscurantismo e iluminación. Anulación de los contrarios. San Juan de la Cruz. Taysen Deshimaru.
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Noche oscura del cuerpo. Anteriormente y como precedente:- en fin, no hay obra que puede ser medido por el tiempo. Así lo dijo en una entrevista. En su obra mucho menos.- (1) El cuerpo de Giulia-no, la abyección en forma de belleza, el manto mortuorio sobre la morgue de Venecía. O aquella Dogaresa, el pájaro puro de las ensoñaciones. Performance que nuestra la mujer, con una gran sábana, la cubre como su fuera una placenta. Es un feto conectado al cordón umbilical, como si aún la belleza fuera parte completa de la naturaleza (El cuerpo de Guilia-no, performance, Venecia, 1972). Y los artistas, unos estúpidos niños jugando a hacer castillos de arena.

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(2)Tix. “Nunca más nos ocultamos/ Para acariciarnos soñar o defecar”; pasajes internos de la casa deshabitada, sin gatos ni perros, por lo menos. Puros baños, comedores, salas, pasillos condenados a la respiración del aire sin vida. “Y el Mundo nos pareció fresco e intacto/ Como acabado de hacer” (XV). La luna está afuera, y un tigre en un cuadro, recobra vida. “¿Para qué ha venido?, / ¿Ve usted que no hay nada?”(XXXXIX), así también son las esposas sepultadas en reinos desconocidos.

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Cuando fuimos placenta, fuimos felices, no había nada a nuestro alrededor, solo nosotros solos. Éramos anterior(es) a nosotros. Productos de la fusión deseada. Mi padre y mi madre, Adán y Eva. “Quizás el primer hombre y la primera mujer/ sobre la tierra”. Ellos son anteriores a mí, y de algún modo sus cuerpos son mi cuerpo. Y cuando ellos se van, yo me voy con ellos. “El arco iris se los lleva nuevamente,/ como se lleva mi pensamiento”.
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"Qui est je" /“¿Quién soy yo?” (Najda, André Bretón). “Je est un autre”/ “YO es otro” (Cartas del vidente, Arthur Rimbaud), para ser yo, tengo que reconocerme en el otro. El famoso “Estadio del espejo”, teoría de Jacques Lacan. Pero tengo que ir más allá, tengo que sentir lo que el otro siente, ser igual que él. Una vía directa para saber que existo, tengo necesariamente que sentir. Tener el cuerpo, pero ¿cómo comprobar de que tengo un cuerpo? “Lo que hace que yo pruebe un gran dolor es que poseo un cuerpo. Si no tuviera cuerpo, ¿qué dolor podría yo probar?” dijo Lao Tse. Aquel dolor eielsoniano vas más allá de nuestra propia materialidad. “el cuerpo entero padece/ de una enfermedad violeta/ cuyo nombre es melancolía”. “ Me duele la bragueta”.

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Porque el viaje se inicia, con la convicción de que somos hombres, o al menos que lo fuimos en algún momento. “todo lo que veo sobre la tierra/ me convence que jamas será un hombre/ ni una mujer ni una hormiga”, sin antes llegar a nuestros límites, penetrar por las zonas secretas, diseccionarnos, pero no a la manera del Leng T’ ché. “penetro corredores en corredores tiernos/ me estrello contra bilis nervios excrementos…/ caigo me levanto…/caigo nuevamente/ ante un muro de latidos”
CUATROS ESCRITORES, CUATRO VERSIONES DE UNA TIERRA



Hace un par de años, de forma inusitada, la región Junín se ha ido consolidando como un espacio apto para el desarrollo de la narrativa, y sobre todo para la gestación de varios escritores, con un estilo en vías de maduración, con notorias diferencias, entre ellos podemos mencionar a cuatro narradores en especial: Sandro Bossio Suárez, Alberto Chavarría Muñoz, Ernesto Ramos Berrospi y José Oregón Morales. Cuatro formas de escribir, cuadro visiones distintas de sentir nuestra tierra.


ESPACIOS DE REENCUENTROS

Mi trabajo como periodista cultural en esta parte del país, me ha hecho un espectador privilegiado de los cambios profundos que está atravesando nuestra literatura, esto se debe tal vez por los cambios que una región como la nuestra vive actualmente, sobre todo Huancayo; así mismo me permitió tratar personalmente con los que, hoy por hoy, pueden ser los “nuevos” escritores, fundacionales de una nueva literatura, estancada por décadas, donde solíamos leer a unos cuantos escritores con novelas que nos daban la sensación de que seguíamos estando en los años 40’, inmersos dentro de corrientes desgastadas, pensamientos estáticos, y aspiraciones que no tendrían sentido alguno en nuestros tiempos, salvo honrosas excepciones como Julio César Alfaro Gilvonio (1939-2003), con una obra aún en proceso de maduración, pero que ya se podía predecir su calidad de un narrador nato, otorgándole una nueva visión de nuestra ciudad; lamentablemente el autor de “Prestadito nomás” nos abandonó prematuramente.
Después de él tuvieron que pasar un par de décadas para que surja, nuestra generación los pedía a gritos, un grupo de narradores que nos propongan estilos diversos, acorde a los cambios turbulentos de las estructuras sociales y de pensamiento que en el mundo se estaba erigiendo, sin dejar de lado nuestra propia realidad tan compleja culturalmente hablando; sé que nombrar a solamente cuatro escritores, es arbitrario y es, además, ponerles una carga pesada en sus espaldas, aun sería un delito resumir la amplia gama de voces que exigen reconocimiento, de ser tomados en cuenta, por su innegable aporte hacia esta nueva generación; nadie cuestiona eso, pero es también justificable que, por la edad que frisan, y la coincidencia de sus publicaciones, podemos trazar sucintamente un mapa que nos ubique dentro del contexto actual, como proyección para la valoración de sus respectivas propuestas y, asimismo, sus preocupaciones actuales.

OREGÓN MORALES: DE LA BUENA TIERRA A LA MALA CIUDAD

La obra publicada por el escritor y folclorólogo José Oregón Morales (Tayacaja, 1949), si bien no es numerosa, comprende dos libros de cuentos, otro de drama y una novela, podemos considerarla inmersa dentro del llamado neo-indigenismo, que es una suerte de versión repotenciada del indigenismo de los años 30’ del siglo pasado. Su novela corta, “La casita del cedrón” (edición del autor, 2008), recientemente publicada, se compone de elementos ficticios y reales, la vida de su madre Carmen Morales Lazo, en el contexto del pueblo de Huancavelica, aún cuando era un espacio rural, y el contacto con los nuevos fenómenos sociales como la gestación de un grupo subversivo que provocaría la desarticulación de nuestra sociedad y obligaría a la gente a realizar un éxodo feroz hacia ciudades más o menos avanzadas, como Huancayo. No obstante, esa visión que el escritor huancavelicano muestra de esta ciudad, se compone de recuerdos vagos, donde se entronca aún con las costumbres adquiridas del pueblo de donde provinieron, y quienes chocan con gentes cuyo pragmatismo se revelan como aspectos propios de una urbe.

RAMOS BERROSPI: REZAGOS DE UN PAÍS FRAGMENTADO

Desde que inició su carrera literaria con “Cuentos amargos” en 1990, el escritor Ernesto Ramos Berrospi (Huancayo, 1955) tenía claro el panorama de lo que sería una constante en sus posteriores libros: la ciudad como universo cerrado y sus diversos problemas. Si bien su primer libro fue de cuentos, los demás son novelas, con algún éxito cosechado, como lo es con “Ilusiones perdidas” (Circe editores, 1994), la más ambiciosa que haya concebido, y la más compleja entre todas sus novelas, en ella nos sumergimos en el contexto del Perú de la década de los ochenta, en un periodo donde la ideología más recalcitrante hace eco en seres dogmatizados y engañados por un mundo mejor a través de las armas. En ese sentido el ambiente que el autor establece es existencial, como al de todas sus narraciones, incluso el de su última novela corta Brunella (san marcos, 2007), que es una remake de su cuento “Aurelia”. Es acaso que es este escritor en especial donde sentimos la influencia del escritor César Alfaro Gilvonio.

CHAVARRÍA MUÑOZ: LAS CIUDADES FANTASMAS

Acaso el más radical de los cuatro, el escritor Alberto Chavarría Muñoz (Tayacaja 1959) ha fundado su literatura en aspectos como, el realismo sucio norteamericano, lo urbano como categoría social y las excentricidades de sus personajes cosmopolitas; de la combinación de todos estos elementos han salido dos libros publicados el mismo año, – 2008-, una de cuentos, “La lluvia y el río” (Edición del autor) y una novela corta “La ninfa del Jericó 941” (San Marcos), esta última, resume quizá mejor su estilo, posiblemente entroncado dentro del postmodernismo; vale decir, con un discurso fragmentado, influencias de géneros extra-literarios, personajes marginales, con códigos lingüísticos universales, entre otros. En sus historias, el autor huancavelicano muestra la cara más retorcida de una ciudad como Huancayo: desordenada, caótica, escatológica con seres oscuros, perdidos en su levedad. Es uno de los escritores que más ha experimentado con las técnicas a favor de su narrativa, como carta de presentación.

BOSSIO SUÁREZ: UN MUNDO REALIZADO

El recorrido literario que ha realizado el escritor Sandro Bossio Suárez (Huancayo, 1970), ha sido con cierta cautela, moderado en su forma de escribir, con una obsesiva búsqueda de la perfección; quizá por eso se explica que tardó seis años en publicar su segundo libro, “Crónica de amores furtivos” (San Marcos, 2008), después de haber publicado su exitosa novela corta “El llanto en las tinieblas” (Premio de Novela Corta del Banco Central de Reserva en el 2002), donde abogaba por una literatura de corte histórico, muy de moda por esos años en Latinoamérica y España; siendo diestro en el manejo de los datos históricos aplicados a su narrativa que lo consagró como un escritor fundamental en estos momentos, y que la publicación de su libro de cuentos no hizo más que justificar lo que había hecho en su novela: lenguaje depurado, envolvente propia de la época y el contexto al cual la historia se va desarrollando; el manejo medido de los tiempos; la capacidad de fabular historias con técnicas modernas. Asimismo parte de las virtudes de Bossio Suárez es la capacidad de congeniar con todo tipo de género literario, ya sea el policial, costumbrista, fantástico y sobre todo de “época”, como en el caso de “Concilio mayor” que es una suerte de nouvelle incluido en su último libro, donde reconstruye la cuidad de Huancayo del siglo XVII, donde vivían dominicos en un monasterio que talvez existió. “Quisiera hacer una versión libre de la historia a través de la literatura” diría en una entrevista.

CODA

Como hemos podido comprobar en este breve ensayo, los cuatro escritores mencionados, proponen cuatro versiones distintas de la literatura, y la ciudad que nos abarca, unos más maduros que otros, otros emprendiendo un camino de intensa búsqueda de sus campos de trabajo en su narrativa; en cierto modo se complementan, y hace más rica nuestra literatura; pero esto no quiere decir que nos ajustamos a lo que han escrito estos cuatro hombres de letras; al contrario la literatura de Junín en estos últimos años nos están dando muestras de nuevas voces como Consuelo Arriola Jorge, Augusto Effio Ordoñez, Raúl Tenicela Baldoceda, entre otros. La narrativa de Junín está renaciendo, sólo le falta a la poesía hacer lo mismo.
Onetti y Vargas Llosa
Entre los senderos de la ficción y la realidad





El año pasado el reconocido escritor Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936) publicó “El viaje a la ficción, el mundo de Juan Carlos Onetti” (Alfaguara), donde analizaba la obra de uno de los iniciadores de la narrativa moderna en Latinoamérica. Asimismo este libro no hacía más que certificar la gran admiración que sentía el escritor peruano por el autor de “La vida breve”.

Cuenta la leyenda, que en una conversación improvisada, sucedida en San Francisco (EE.UU.), entre Vargas LLosa y Onetti, el autor de “Conversación en La Catedral” le recriminaba su manera de anárquica de trabajar sus escritos, a lo que el escritor uruguayo le respondió: “mira Mario, lo que pasa, es que tú con la literatura tienes una relación conyugal, tienes que cumplirle de tal hora a tal hora, y para mí es una relación con una amante, cuando tengo deseos de escribir, entonces escribo”.
Esta anécdota graficaba muy bien el carácter arrebatado de Onetti al momento de escribir, en comparación de Vargas Llosa a quien, como fiel discípulo de Flaubert, se le conoce su obsesiva disciplina al momento de trabajar sus novelas, y esto se traduce en sus escritos, para bien de la búsqueda de un equilibrio y un orden en su mundo ficticio porque “me da como una confianza y una seguridad que la vida no me da” dijo alguna vez MVLL, coincidiendo con lo que decía Vila-Matas que “escribir es corregir la vida”.
En cambio el estilo de Onetti, refleja un mundo donde muestra la condición humana y lo más retorcido de su naturaleza, cuya retórica, señala MVLL “diluye lo contado y da un aire artificial, enrarecido e inasible a unos hechos que cuesta trabajo detectar esas madejas de imágenes, reflexiones, repeticiones incesantes en las que el narrador parece extraviarse, olvidado de lo que contaba”, es decir, su lenguaje es funcional, puesto al servicio de la historia, donde nos es complicado diferenciar entre la realidad y la ficción.
Es quizá, esas dos intrincadas divergencias, lo que tanto han atraído al autor de “La ciudad de los perros” de la narrativa del Uruguayo, premio Cervantes en 1980, y la manera de cómo éste hace de sus historias una especie de tratado de la “metaficción”, vale anotar que lo que cuenta no es más que el proceso de cómo una historia se va gestando con sus aciertos y desaciertos, como en “La vida breve” Juan María Brausen, crea Santa Maria, una ciudad imaginaria (no Onetti), o en “Un sueño realizado”, donde unos actores recrean el sueño de una mujer que finalmente muere.
No es la primera vez que Mario Vargas Llosa se ocupa ampliamente de un escritor; como se sabe, lo hizo con García Márquez (“García Márquez, historia de un deicidio”), Gustav Flaubert (La orgía perpetua: Flaubert y «Madame Bovary») y Víctor Hugo (La tentación de lo imposible), no obstante, es en “La verdad de las mentiras” (1990), donde en el prólogo realiza un acercamiento concienzudo sobre su experiencia con la ficción, donde sostiene que es “un arte de sociedades donde la fe experimenta alguna crisis, donde hace falta creer en algo, donde la visión unitaria, confiada y absoluta ha sido sustituida por una visión resquebrajada y una incertidumbre creciente sobre el mundo en que se vive y el trasmundo.”
De ahí que los personajes de Mario Vargas Llosa están orientados hacia la búsqueda alguna utopía (Paúl Gauguin y Flora Tristán en “El Paraíso en la otra esquina”), así sea amparándose en personajes mesiánicos (los canudos ponen toda su fe en el Consejero en “La guerra del fin del mundo”), todas estas ficciones, dice MVLL, con el fin de estimular el deseo de libertad. En cambio, en las ficciones del escritor uruguayo, fallecido en 1994, sus personajes huyen de la realidad, pero no menos peores que ésta, porque no les queda otra opción frente una vida sin aristas, chata en expectativas de un cambio que los saque de su pesimismo que finalmente los arroja hacia el fatalismo más crudo.
Pese a todas estas marcadas diferencias entre ambos escritores, también queda espacio para señalar algunos puntos coincidentes, como la admiración que ambos tuvieron por el escritor norteamericano William Faulkner (acaso uno más que otro), el manejo diestro de las más sofisticadas técnicas narrativas, y por último ambos fueron los iniciadores de la narrativa urbana en sus respectivos países, cuando todavía predominaba las literaturas decimonónicas y de cortes costumbristas.

Lo que MVLL dijo de Onetti
“Onetti fue el primer novelista de lengua española moderno, el primero en romper con las técnicas ya agotadas del realismo naturalista, con su estilo sentimental, amanerado y lleno de resabios románticos y truculentos, el primero en utilizar un lenguaje propio, elaborado a partir del habla de la calle, un lenguaje actual y funcional, que no creaba esas cesuras típicas de la literatura costumbrista entre vida espontánea y estilo ampuloso y libresco, que construía sus historias utilizando técnicas de vanguardia como el monólogo interior, las mudas de narrador, los juegos con el tiempo.”
Vida de un transterrado llamado
Gonzalo Rojas


El domingo 21 de diciembre del 2008, el poeta chileno Gonzalo Rojas (Lebú – 1917), cumplió nada menos que noventa y un años, toda una vida dedicada al quehacer poético; este esfuerzo se está traduciendo en los importante premios y reconocimientos que está obteniendo desde que se inició con su carrera literaria, como el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1992); el Premio Nacional de Literatura de su país (1992), así como también el Premio Cervantes (2003), el más importante galardón en lengua castellana. Sin lugar a dudas, es junto a Nicanor Parra, uno de las más fundamentales voces de la poesía chilena, que aún viven.


Hablar de la poesía de Gonzalo Rojas es hablar de un caso absolutamente excepcional, dentro de la gran gama de poetas chilenos surgidos a partir de las primeras décadas del siglo pasado, quienes estuvieron guiados bajo el magisterio de poetas como Pessoa Veliz, Vicente Huidobro, Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Pablo de Rokha. Es también de vital importancia mencionar la generación a la que perteneció, la del 38; ya que es en esta generación que aún estuvieron bajo los preceptos del surrealismo a modo de experimento, y que posteriormente fueron a parar hacia otros proyectos aún más audaces, tal es el caso del poeta de Lebú.
Podemos además señalar tres momentos importantes que definieron la posterior poesía chilena y su marcada influencia en Latinoamérica, y que Gonzalo Rojas sería uno de privilegiados en ser parte de estos cambios: (1)la publicación de la revista Mandrágora, en la que publicaban a poetas consagrados como Huidobro, y a jóvenes Gustavo Osorio y Jorge Cáceres; esto (2)desembocaría inevitablemente en la agrupación denominada “Los poetas de la claridad”, cuyo rasgo fundamental era su carácter antivanguardista, no obstante esta posición tendría su contraparte en “El Movimiento David” encabezado por Eduardo Anguita, quien acuño la expresión de “Moral poética”, proyecto que no se llegará a concretar, pero algo que se puede rescatar de este movimiento, fue su intención comenzar de la nada, de ese “vacío” como decía Anguita, para crear el estilo de objetos y de actos que funcionen orgánicamente, a semejanza del hombre incorporado y proyectado permanentemente, tanto en su consumación como en su acrecentamiento”. Algo de estás ideas marcarían al joven Gonzalo Rojas.
(3) Es en ese movimiento que tomarían contacto pleno con la poesía del francés Arthur Rimbaud, hasta elevarlo a la categoría de icono, por sus ideas sobre la forma de hacer poesía, “mediante el desarreglo de los sentidos” que tanto pregonaba el autor de Une saison en enfer, y que Rojas siguió a cabalidad en todos sus poemas. “…pero somos precoces/ eso sí que somos, muy precoces/ más Rimbaud a nuestra edad, ¿más?...” escribiría Rojas en el poema Rimbaud a manera de Homenaje. Y si se trata de homenajes, Rojas fue el que de algún modo tuvo su parnaso propio, plasmados en sus poemas, comenzando por su amado Vallejo, pasando por Huidobro, Hölderlin, Darío, Pound, Celan, éste último, con muchas afinidades al poeta chileno, al extremo de muchos lo comparan con el autor de Grill der Rede, quién escribió poemas tan lacerantes como frágiles. Caso aparte es la influencia decisiva del vate peruano Cesar Vallejo en la poética rojasiana, además de ser su “referente inmediato” como diría Marcelo Coddou, en varios niveles muy notorios como “obsesiones recurrentes, singularidades expresivas, la concepción misma de poetizar en direcciones varias”.
Porque hay algo en Vallejo lo que inquieta al chileno y lo resume en el poema Por vallejo: “ninguno fue tan hondo por la médulas vivas del origen/ ni nos habló en la música que decimos América/ porque éste únicamente sacó el ser de la piedra más oscura/ cuando nos vio la suerte debajo de las olas/ en la vacío de la mano”.
Porque Gonzalo Rojas, ha fascinado desde la publicación de su primer poemario, La miseria del hombre (1948), por la total desnudez que en sus poemas refleja, eso de lo que se refería Eduardo Anguita en cuanto al estilo del objeto y su semejanza con el hombre, y lo que para Enrique Lihn, quien dijo a raíz de la publicación de dicho poemario, fue una “explosión poética que no tuvo entonces, ni tiene ahora, un correlato crítico suficiente, una respuesta que asumiera ese desafío”, y que es ahí donde se notaba la ruptura de la realidad a la par de la ruptura con el lenguaje y, sin exagerar, con la tradición. “Acabo de publicar La miseria del hombre pero en realidad sé muy poco de la poesía” decía el poeta quién contaba con 31 años cuando publicó su primer trabajo; y tendrían que transcurrir dieciséis años más para que se animara a publicar su segundo poemario, Contra la muerte (1964), acaso su trabajo más importante, y que lo posteriores seguirían esa línea; “un libro ejemplar, hondo, lúcido (donde) huye del lenguaje enigmático (…) de las simulaciones de profundidad”, dice Alonso Calderón.
Y es que cada poema que leemos de este libro, es una lucha constante contra presencia insólita de la muerte, por lo demás improductiva; como irse agotando, dejándose caer en fragmentos; “me arranco las visiones y me arranco los ojos cada día que pasa. / No quiero ver ¡No puedo! ver morir a los hombres cada día. / Prefiero ser de piedra, estar oscuro, / a soportar el asco de ablandarme por dentro y sonreír/ a diestra y siniestra con tal de prosperar en mi negocio”.
El proceso la publicación de los poemarios son en realidad, procesos largos, en donde el autor asume su batalla con el lenguaje, de un periodo en donde se despoja de todo lo inútil y que no distraiga la atención del lector, de ponerlo en un estado de tensión completa, no dejándolo respirar hasta que el poeta lo desee, aunque tenga que modificar sus poemas y proporcionarle otros tonos, otros ritmos, para cumplir con su cometido, incluso dentro del mismo poema, por ello se explica las tantas versiones de un solo poema, siendo así registro de sus cambios de ánimo y actitud frente a un mundo también cambiante.
Otro de los puntos calves de su vida, y que se refleja en su poesía, es su condición de exiliado, que es un “duro oficio del exilio” en palabras del poeta turco Nazim Hikmet; “oficio” que optaría cuando el golpe militar de 1973, bajo el mando del general Pinochet, lo sorprendió, cuando entonces ejercía como encargado de negocios en La Habana. Rojas no tuvo más opción que abandonar la patria de Lezama Lima, pese a ello, Rojas, suelto de huesos dijo: “no sufrí en el exilio”, porque de alguna manera ya estaba viviendo su exilio dentro de su patria, que para él fue una especia de “intraexilio”.
De esa experiencia vivida en todos esos años de largo silencio, escribió Transtierro (1979), termino, en realidad, acuñado por el filósofo español José Gaos, como sinónimo de “transplante humano”, del cambio natural de una tierra a otra. “miro el aire en el aire, pasarán/ estos años cuántos de viento sucio/ debajo del párpado cuántos del exilio, / comeré tierra/ de la tierra bajo las tablas/ del cementerio, me haré ojo, / oleaje me haré”.
Gonzalo Rojas cumplirá 91 años, sigue escribiendo y sigue viviendo en esa patria libre que es la poesía; este año estuvo presente en la XIII Feria Internacional del Libro de Lima para reencontrarse con sus incondicionales seguidores peruanos. Entre sus principales poemarios, además de los señalados, se encuentran: Oscuro (1977), El alumbrado (1986), Materia de testamento (publicado en 1988, de gran circulación en América Latina, España y Estados Unidos), Río turbio (1996), Del ocio sagrado (2002), Las silabas (2006) y Del agua, que publicó el año anterior. Por todo eso, es incalculable la gran influencia que sigue ejerciendo el poeta en los jóvenes poetas, porque también sigue más vigente que nunca, porque su palabra sigue viva, y aún no concluye. Como parafraseando uno de sus versos podemos decir que “ya todo estaba escrito cuando Gonzalo Rojas dijo: todavía”.




Publicaciones del 2008 en la región central Ciudad letrada

















Entre las novelas publicadas tenemos a: “Esperanza” (edición del autor), de Norma Gálvez Abarca, segunda novela de la escritora huanuqueña, que radica actualmente en Lima, esta historia mantiene un trasfondo sociopolítico, donde una mujer lucha por conseguir sus sueños. “La casita de cedrón” (edición del autor), de José Oregón Morales, es la primera novela del escritor de Huancavelicano, donde hace un giro inesperado de su registro, además que es una novela de corte biográfico (relata parte de la vida de Carmela Morales, su madre). “La ninfa del Jericó 941” (San Marcos) de Alberto Chavarría Muñoz, es la novela que marcó el debut literario del escritor de cuarenta y nueve años, cuyas propuestas temáticas se emparientan con el realismo sucio. Dio mucho que hablar.
Mientras que en el cuento tenemos a: “Crónica de amores furtivos” (San Marcos) de Sandro Bossio Suárez, recientemente publicado, luego de seis años de abstinencia; como se sabe Bossio publicó su novela “El llanto en las tinieblas” en el 2002, pero en esta oportunidad reúne sus cuentos, la mayor parte de ellos antes inéditos, que fueron elogiados por la crítica. “Celaje de cuentos” (Puntocom) de Raúl Baldoceda Tenicela, con este libro, el ingeniero minero y docente de física, hace su ingreso auspicioso a nuestra literatura, habiendo sorprendido a muchos por sus memorables historias. “La lluvia y el río” (edición del autor) de Alberto Chavarría Muñoz, quien luego de pocos meses de habar publicado su novela (La ninfa del Jericó 941), este libro de cuentos no hace más que avalar su intenso trabajo literario después de décadas de silencio, y que aún está en proceso de formación de su estilo. “Reconciliación / Extraña justicia” (Circe editores) de Ernesto Ramos Berrospi, quien últimamente está incursionado en el relato, y publicando frecuentemente, puesto que son más que la ampliación de sus cuentos reunidos en “Cuentos amargos”. “El vuelo de la paloma” (Puntocom) de Consuelo Arriola Jorge; libro elogiado por la mismísima Carmen Ollé; un debut que todos esperábamos, puesto que algunos de sus trabajos fueron galardonados en concursos literarios como el organizado por el suplemento cultural “Solo 4”. Otros libros de cuentos que no debemos dejar de mencionar están “Orejas al redil” (Fondo Editorial de la Universidad Continental) de Giannina Sovero Lazo y Ronald Santana Sovero; “Panrarán Yacu” (CEDIN ediciones), de Anthony Lizardo Romero Chávez y “La cabrita glotona y otros cuentos” (Ramada del búho editores) de Cirilo López Gutiérrez. Mención aparte es el último número de la revista Cascadas (número 16) que publicó ocho cuentos inéditos del desaparecido Julio Cesar Alfaro Gilvonio, donde muestra todos sus dotes como narrador, y más tratándose del autor de del entrañable “Prestadito nomás”.
En cuanto a los poemarios tenemos a “Esencia de vida” (Segras), de María Delfina Santana Guevara, poemario que abre paso a la madurez de la poetiza, quien a sus cincuenta y nueve años, los poemas le sirven de reflexión sobre los aspectos que abarcan la vida de un hombre. “Ceremonia del retorno” (Lord Byron editores), de Gerson Paredes Coz; diez años tuvieron que pasar para que el poeta huancaíno, radicado en Lima, publicara su tercer libro, y donde ahonda con más firmeza la cosmología Wanka. Gallo gallito gallo galló (Edición del autor) de Arturo Concepción Cucho, plaqueta de poemas dirigido a un público infantil, no obstante su falta de pericia en este campo hace de este un poemario que no convence. Sueños y confesiones (Ediciones Alfa), de Rocío del Pilar Andrade Reynoso, natural de la provincia de Yauli La Oroya, en este primigenio poemario, la autora impone sus arrebatos sentimentales para construir poemas directos, sin tomar en cuenta el riguroso trabajo poético que esto implica. Aya Taki (Edición del autor) de Hugo Velasco Flores, primer poemario de este joven poeta, donde establece conexiones con su pasado, a través de la cosmología andina, con un lenguaje que aún no encuentra un puerto seguro.
Es evidente que el flujo de publicaciones en el 2008 ha tenido una ligera variación con respecto a los otros años anteriores, debido principalmente, a la aparición de editoriales como Puntocom, impulsado por el escritor Nicolás Matayoshi; Naokim editores, del escritor Abel Montes de Oca entre otros; asimismo por el creciente número de imprentas que hay en la cuidad, pero lo más resaltante es que hay un público cada vez mayor que está habido de leer libros que den cuenta de su realidad y de entusiastas escritores que están aptos para mostrarla.